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Mi instrumento y yo (reflexiones de una pianista)

Estas últimas semanas dediqué mucho tiempo al trabajo con el clavicémbalo que tengo en casa. La preparación del disco y los conciertos con el guitarrista Sergi Vicente nos llevó muchas horas de estudio y adaptación del repertorio.


Grabando "Al estilo antiguo"


Soy pianista y mi instrumento y su sonoridad me acompañó toda mi vida. El clave es otra cosa, otra sonoridad, otro repertorio, me transporta a una época muy lejana. Además, tocando el clave estos días reflexioné sobre un tema, que no llegue a profundizar hasta entonces. Es la relación entre el músico y su instrumento.


Aquí os dejo algunos de mis pensamientos.

 

¿Cuantas veces hemos visto un diseño de hogar con un piano de cola o piano de pared en calidad de mueble decorativo? En algunos casos probablemente no ha sonado en décadas o nunca. Algunos están cargados de jarrones y fotos de familia... Bonito y silencioso. Curiosamente no su


elen poner un violín o guitarra de decoración.


Mi piano está cargado de partituras y toneladas de fotocopias y programas de conciertos. Por lo tanto, también lo utilizo de mueble. Esto siempre provoca una expresión aterrorizada de mi marido guitarrista. Dice, que los pianistas no cuidamos nuestro instrumento. Quizá tiene razón. Tengo que decir que mi piano, a pesar de estar abarrotado, suena mucho y todos los días, que me perdonen mis vecinos y que me aguanten por muchos años más.

En cambio, el clave nunca se llena de trastos. Quizá por ser más frágil y por dar sensación de poca estabilidad. Pero también por ser un instrumento que se cambia del lugar con facilidad. Se guarda en la funda y viaja al siguiente concierto, ensayo o producción de ópera.


Nunca he afinado un piano, pero sí mi clave antes de cada ensayo o concierto. Este proceso curiosamente establece un diálogo con el instrumento, algo entre el enfado, las súplicas y los ánimos mutuos.



En diferentes lugares de trabajo un pianista siempre encuentra un instrumento distinto: de otra marca, más viejo o más moderno, más afinado o menos, alguna tecla rota, pedal que va silbando al ritmo de lo que tocas... Nos adaptamos con rapidez, sin profundizar la relación.


Es absolutamente contrario a la relación de un músico que va a todas partes con su único instrumento. A veces un violinista te dirá: hoy hay mucha humedad, el violín, pobrecito, parece que esté chorreando. No he oído jamás, que un pianista diga "pobrecito" a un piano. Si se comenta algo emocional sobre el instrumento que encuentra en un aula del conservatorio, la mayoría de las veces será negativo("no responde", "grita demasiado" o "es muy sordo" y jamas con un tono de afecto personal). Tengo que reconocer, que el clave me enseñó estar más pendiente del "humor" y "la salud" del instrumento.

¿Alguna vez estuvisteis en compañía de unos cuantos guitarristas? La mayor parte de la conversación seguramente se dedicó a comentarios sobre las guitarras:

...la mia tiene los graves muy potentes pero cuesta sacarle sonido bonito...

...la del luthier “X” se titula “ 70 aniversario” y es una pasada!...

...se gastó una pasta en una caja de zapatos...

Y una infinidad de temas relacionados.

Las conversaciones de los pianistas, desde luego, son más limitadas. Un pianista medio no domina demasiado el tema de las marcas de su instrumento, de donde procede, ni cuál es la historia de la fábrica que ha construido el piano de su casa.

A veces, la relación de un pianista (puntualizo: alumno de piano) con su instrumento no traspasa de ver el teclado y nada más. Y un violinista, cellista o otros nos contarán muchas cosas sobre la vibración, sonoridad y construcción de su propio instrumento. Forma parte de la especialidad de un instrumentista conocer al fondo su instrumento, su historia y establecer una relación casi humana, llena de