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La curiosidad del intrépido intérprete


El entorno del compositor, sus alegrías y dramas personales, sus profesores y la formación

musical que recibió, tienen influencia directa sobre su música. Y luego, en la búsqueda de un

camino propio, los compositores adaptaban algunas ideas que encontraban en la historia del

arte, en las vivencias de otros creadores y en las conversaciones con los artistas contemporáneos.


A veces olvidamos que el compositor no es el retrato de un libro, o alguien muy lejano e

incomprensible. Es o fue, un ser humano con su historia personal, por lo tanto, le afectan las

mismas cosas que a un individuo de cualquier época. Lo que le destaca entre los demás, es su

capacidad de convertir sus experiencias emocionales y conocimientos musicales en un mundo

sonoro.


Parte de su trabajo es la inspiración, otra: “saber hacer” la labor de un artesano que ubica las ideas en un modelo comprensible para la época. Mientras dura la “producción”, el Maestro no se relaciona con el resto del mundo con normalidad.


Escucha más lo que suena en su cabeza, que a las personas y acontecimientos que lo rodean. La intensidad de este trabajo creativo le puede convertir en una persona aislada y solitaria, por lo menos, mientras dura el proceso de composición de la obra.

Los grandes compositores dejaron muchas pistas sobre cada etapa de su trabajo, por ejemplo, en algunas cartas personales, dirigidas a familiares o amigos. Era un modo de compartir nuevas ideas, discutir sus criterios o encontrar un apoyo emocional en el complicado proceso creativo.

En otros casos, tenemos testimonios escritos de la gente cercana al compositor, lo que nos aporta unas visiones sobre cómo trabajaban los genios de la música clásica.

 

Pero un libro en concreto nos desvela la vida más íntima de los diversos creadores musicales: ”Mi ángel, mi todo, mi yo”, que es una recopilación cartas de amor de los grandes compositores hecha por Kurt Pahlen. Aquí no hablan de sus obras, pero nos permiten conocerlos de la manera más intensa y emocional. El nacimiento de una pasión, en muchos casos, ha sido la principal inspiración para crear algunas de las obras más apasionantes de la historia de la música.

 

Lo interesante es que no existe un única manera o modelo de componer, e igualmente, las fuentes de inspiración pueden ser infinitas.




Todo está compuesto pero aún no está escrito


Sabemos que Mozart muchas veces tenía sus obras en la cabeza sin escribir la partitura. Le costaba trabajo sentarse y apuntar la nueva composición para que los músicos la pudieran interpretar. En una de las cartas dice: todo está compuesto pero aún no está escrito. Sus bocetos musicales tienen apuntada la voz melódica con el bajo, sin las voces intermedias, que las dejaba para escribir directamente en la versión final.


El joven genio siempre componía utilizando el piano. Pero curiosamente entre los esbozos que se conoce no existen apuntes para las obras de piano solo. Parece que las escribía directamente a limpio. Podemos imaginar que su gran capacidad de improvisación, la increíble memoria y el dominio absoluto del instrumento convertían la composición para piano en algo fácil y claro.


Se inspiraba en las ideas de los grandes dramaturgos de su época, y desde la composición de su primera ópera (que compuso con solo 11 años) su música siempre tienen