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Humor en la música

Estos días nos envuelven fuertes sentimientos y emociones y son momentos propicios para que la música clásica pueda conversar con nuestras almas. Si estoy abatido y busco fuerza y firmeza, la música de Bach me ayudará encontrarla. La rebeldía y reivindicación, un sentimiento romántico o una profunda pena, encontrarán una resonancia en las obras de Beethoven, Brahms, Tchaykovsky ...


Pero también existen obras que nos pueden poner de buen humor y hasta sacarnos una sonrisa.

Porque el humor en la música es tan antiguo como ella misma. Y el objetivo del humor musical es darnos un empujoncito hacia el optimismo.

Dejamos de lado las obras que tienen texto: canciones, romances, óperas y otros géneros.

Ni tampoco hablaremos de las bromas escénicas y artísticas de los músicos clásicos. Tenemos que reconocer que los chistes de los músicos son muy específicos, en su mayoría comprensibles solo para los que pertenecen a la propia profesión.


Hoy quiero comentar el humor en la música instrumental, ofreciendo un pequeño recordatorio de algunas de las obras más populares de la historia de música clásica.

 

El sentido de humor facilita la vida a los seres humanos. Desde el humor básico, “blanco”, comprensible en todas las sociedades y épocas, hasta el más intelectual y elaborado, se hacen imprescindibles para la vida en sociedad.


En algún momento pasaremos lo divertido en soledad. Pero en general, el sentido de humor se convierte en un acto social compartido, porque es mejor reír en compañía y así tener la opción de comentar la gracia.

El humor musical raramente nos hará “morir de risa”, lo más probable es que nos subirá el ánimo y nos hará sonreír.

Aunque Leonard Bernstein nos cuenta, que rodaba por el suelo de la risa y las carcajadas cuando escucho la primera vez la primera Sinfonía de Prokofiev.

Esta música rompió los cánones esperados de la sinfonía clásica. Con una forma clásica perfecta, nos sorprendió a todos en contenido, en valentía y humor del compositor. Pero para poder reír con locura de una obra musical deberías estar profundamente metido en el lenguaje y conocimiento musical y tener una formación específica y capacidad de asociaciones culturales muy amplía.


Pero si nos encontramos entre la parte de seres “mortales” que no reaccionan de la misma manera, como el famoso compositor americano, no hace falta preocuparse. Existen muchas otras maneras de disfrutar de la música que tienen asociaciones humorísticas. Porque cualquier obra musical tiene varias “capas” de lectura y todas de ellas, sin juzgarnos, ofrecen el principal mensaje del compositor. Y el espectador siempre puede compartir el humor del creador de la obra. Aunque algunas veces, un poco de conocimiento y algo de imaginación ayudarán a disfrutar la obra mucho más.

Se han escrito innumerables obras con títulos “Scherzo” o “Humoresca” y, para la confusión del público, no son obras para reír. Algunas de ellas están escritas con la idea de trasmitir ligereza y aparente facilidad, creando una emoción de ánimo y alegría. Pero otras, como los Scherzos de Chopin, por ejemplo, nos invitan a un contenido más profundo y filosófico, donde el propio título lo podemos poner bajo sospecha.


En otros casos el mismo título de la obra nos avisa de lo que va a pasar y, en cierto modo, propone un guion que seguiremos mientras suena la música. Y este es el momento cuando nuestra imaginación juega el papel principal en el grado de nuestra propia diversión.

 

Como ejemplo, os propongo escuchar a ”Dier Wut über den verlorenen Groschen“ Rondo a Capriccio op.129 de L.Beethoven. “La ira por el centavo perdido”. Partiendo del título, sonreímos al escuchar la transformación del personaje, su enfado y el tormento emocional. Ademas identificamos a nosotros mismos en la reacción desproporcionada que describe la obra.

 

Otra de las obras escritas con humor propiamente musical es el famoso “Carnaval de los animales” de C. Saint-Saëns. Es la música que disfrutará todo tipo de público desde los más pequeños hasta los más eruditos. Porque los títulos de los movimientos de esta suite para dos pianos y orquesta, ubicarán nuestra imaginación en la observación de animales que conocemos.


Pero es una de aquellas obras que esconden varias lecturas, cuanto más sabes, mas disfrutarás de la música y tu propio conocimiento. El compositor utiliza varios temas conocidos de los compositores anteriores y contemporáneos ( G.Rossini, J.Offenbach, H.Berlioz) igual que suyos propios y les da otro sentido en un nuevo contexto musical. Entre “los animales del zoológico”, Saint-Saëns pone a los mismos intérpretes de la obra en el número “Pianistas”.


Convierte en una broma la obsesión por la técnica y ejercicio mecánico de los músicos, dejando entender como nos deshumaniza este proceso. Os invito a escuchar e investigar esta obra, incluso en compañía de los más pequeños de la casa, así los acercamos a la imaginación musical.


 

Otro compositor francés, Erik Satie inventaba unos títulos muy divertidos, como : “Sonatine bureaucratique” o “Préludes flasques pour un